el destete del potro
(lucy rees)

EL DESTETE DEL POTRO

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Entre los caballos salvajes que llevan una vida natural, el grupo de reproducción es el harén. Por lo general, éste se compone de uno o dos sementales, entre dos y ocho yeguas y sus potros de hasta dos o tres años de edad. Cuando las condiciones son buenas, una yegua madura pare cada año. Si está preñada, ella misma desteta a su último potro unos dos meses antes de tener el siguiente rechazándole y no dejándole mamar. Si está vacía, lo más probable es que siga alimentándole, aunque no demasiado, durante otros seis meses o más.

En tales grupos, un potro siempre dispone de otros con los que jugar, lo que va haciendo de forma progresiva desde la edad de un mes hasta el momento en que abandona el grupo. Durante estos años, el fuerte vínculo entre él y su madre se va debilitando poco a poco, siendo reemplazado por lazos de amistad con otros potros, normalmente de los mismos sexo y edad. Los potros machos, tanto antes como después del destete, son más independientes de sus madres que las potrancas, por lo que juegan más y se relacionan más con los sementales adultos.

Por tanto, de manera natural, el destete es un proceso que se produce en dos fases. En primer lugar, el potro deja de mamar y, en segundo lugar, el vínculo con su madre se va debilitando de forma gradual hasta perderse definitivamente al alcanzar la madurez sexual.

Los potros domésticos suelen ser destetados mucho más pronto, ya que, en la mayoría de los casos, son bruscamente separados de sus madres. La fuerte angustia que esto provoca hace que tengan que ser encerrados en cuadras para evitar que se hagan daño a sí mismos. Normalmente, esto también implica un cambio drástico en la alimentación, incluso aunque el potro ya hubiera empezado a comer concentrados. Aunque la mayoría sobrevive, casi todos experimentan un retroceso en su crecimiento. Los trastornos digestivos no son poco corrientes y los potros muy nerviosos podrían incluso morir de úlceras provocadas por el estrés. Si son destetados en parejas puede que lleguen a estar excesivamente hermanados, lo que produciría problemas más tarde. Algunos empiezan chupando protuberancias de la pared o del pesebre. Por lo general, esto suele pasar desapercibido porque dejan de hacerlo cuando alguien aparece, pero cuando más tarde a lo largo de su vida se les presentan circunstancias estresantes similares, como estar encerrado en la cuadra para empezar su doma, ya tienen una respuesta al estrés practicada: chupar el pesebre o la puerta, lo que rápidamente se convertirá en tragar aire.

A su vez, la yegua también podría verse profundamente afectada por la pérdida repentina de su potro. Esto no le hará ningún bien puesto que uno de los efectos de las hormonas del estrés es el aumento de la prolactina, la hormona de producción de la leche. En consecuencia, una yegua estresada producirá más leche y durante más tiempo que si estuviera menos afectada. Sus ubres se hincharán y le dolerán mucho.

¿Qué podemos hacer para que este momento tan difícil sea menos traumático?

En primer lugar, los estudios sobre el comportamiento del potro demuestran que la cantidad de tiempo que éste pasa lejos de su madre, la distancia a la que se aleja y el tiempo que transcurre entre las tomas aumentan considerablemente alrededor de los seis meses. Así que, por motivos de conducta, el destete anticipado no es aconsejable. Durante la lactancia la yegua preñada debe estar bien alimentada y, dado que su potro estará compartiendo con ella su pienso rico en proteínas, éste tendría que estar bien molido: sus dientes no pueden con los granos enteros. Una yegua que se quiera para ser montada no estará muy en forma pero podría empezar a trabajar con el potro a su lado. Sencillamente, el destete anticipado aumenta el estrés y el daño potencial tanto para la yegua como para el potro.

En segundo lugar, se ha demostrado que el mejor método posible en términos de cambio de comportamiento es no separar totalmente a las yeguas y a los potros, sino sólo por medio de una barrera. Una valla alta que separara dos corrales sería ideal. Todas las yeguas y los potros empezarían estando en un mismo corral pero se les daría de comer lejos de la valla. Después, las yeguas serían trasladadas a otro corral. De esta forma, podrían seguir oliendo y tocando a sus potros a través de la valla y dormir o descansar al lado de ellos, pero ambos se verían obligados a separarse para comer y beber. Después de un mes más o menos los potros no se darían cuenta de si sus madres han sido trasladadas más lejos.

Este método produce bastante menos angustia para las yeguas y para los potros que cualquier otro y hace que las yeguas dejen de producir leche rápidamente. Un sistema de este tipo es ideal para una yeguada.

Para un destete menos estresante se incorporó una instalación similar a un ingenioso establo multiuso construida por un amigo para su pequeña yeguada. En invierno, las yeguas y los potros eran alimentados en el picadero antes de ser encerrados en éste durante varios días. Después, la yegua con el potro más mayor era colocada en el box de al lado, desde donde podía tocar y ver a su potro a través de una puerta bastante amplia. Cuando ambos ya estaban preparados para dejarse el uno al otro, una segunda yegua se unía a la primera. A continuación, ésta era trasladada al box siguiente mientras una tercera se unía a la segunda y así sucesivamente. Los boxes estaban resguardados por el tejado pero todas las paredes terminaban a la altura de los hombros para que las yeguas nunca se sintieran separadas de sus compañeros. Tanto las yeguas como los potros estaban increíblemente tranquilos con respecto al destete.

Por lo general, estas construcciones para fines especiales están más allá del alcance del propietario de una sola yegua y su potro. Una posibilidad sería meter a la yegua con el potro en un corral exterior (si se pusiera al potro dentro saltaría fuera); otra sería utilizar boxes contiguos separados por barras a la altura del pecho. Sin embargo, con el fin de evitar otros problemas de conducta, el potro seguiría necesitando un compañero durante el destete y después del mismo.

Los caballos son animales sociales y su comportamiento no se puede desarrollar con normalidad salvo que crezcan con otros además de con sus madres. Un caballo normal, al igual que una persona normal, aprende que los demás consideran el espacio inmediatamente alrededor de ellos como el suyo propio y que no se considera cortés irrumpir en éste sin invitación. Al mismo tiempo, desarrolla el sentido de su propio espacio individual, el cual estará dispuesto a defender frente a intrusos molestos o maleducados. (Ésta es la razón de que algunos caballos odien a la gente que entra bruscamente en sus cuadras; sin embargo, no les importaría tanto si esperáramos cortésmente un minuto hasta ver la señal de relajación que nos indicara que podemos entrar.)

El potro comparte el espacio de su madre. Un potro que crece hasta la madurez sólo con su madre no desarrolla el concepto de espacio individual y, en consecuencia, tampoco reconoce el nuestro. Los potros criados con biberón, al igual que los niños mimados, “no tienen respeto”: te llevan por delante y se te echan encima. Si les pegamos para apartarles de nosotros se confunden, ya que literalmente no saben lo que significa “¡fuera de mi espacio!”. Un potro atrevido podría llegar a enfadarse e incluso aprender a atacar a la gente y aún así no haber aprendido a mantenerse fuera del espacio de las personas.

Aunque hay varias formas de tratar este problema, lo mejor es no crearlo. Cualquiera que tenga una sola yegua y su potro debería pensar en tener un tercer caballo o pony que le enseñara modales al potro. Si comprar uno no es muy factible, cabe la posibilidad de pedirle prestado uno a alguien que disponga de varios. Este caballo podría introducirse con la yegua y el potro antes del destete y ser utilizado para ayudar al potro durante el mismo. Bien entonces o bien más tarde, el potro debería ser enviado con su compañero, que también le ayudaría cuando fuera introducido en el grupo de amigos. Incluso aunque el destino del potro fuera volver a casa y vivir con su madre, estar alejado de ella durante unos cuantos meses romperá el vínculo materno y evitará la dependencia excesiva que tales caballos tienen de sus madres incluso de adultos.

Saquemos el máximo provecho del destete. Un potro en el destete, por muy poco a poco que éste se haya llevado a cabo, echará de menos el contacto de su madre y estará deseando formar otros vínculos. Sin embargo, también se sentirá especialmente vulnerable. Si no ha sido tocado con anterioridad, ahora es el momento de hacerse amigo suyo y de enseñarle a tener actitudes positivas con la gente. Los potros que hayan sido destetados en un grupo dentro de un corral se acercarán con facilidad a una persona tranquilamente sentada o agachada, aunque sólo sea por curiosidad, y disfrutarán de que se les rasque el pecho. Tendrán menos miedo si nos mantenemos por debajo del nivel de su ojo. En lugar de volcar la comida sin más en el comedero, al principio es mejor llamar a los potros y con un cubo en la mano animarlos a que nos sigan por todo el corral. Así aprenderán a venir rápidamente cuando se les llame, a acercarse a nosotros y a seguirnos. Después, esto hará que poner la cabezada sea mucho más fácil. No es una buena idea arrinconar al potro dentro del box y obligarle a aceptar el contacto, ya que su próxima reacción al ver a una persona será alejarse de ella, no acercarse a la misma.

 

Por Lucy Rees, traducido y adaptado por Begoña Sánchez Gómez
Publicado en la revista Ecuestre