Llevamos mas de 2000 años domando y montando caballos (si consideramos
a Jenofonte como el primer “domador” de nuestra era), inventamos
toda clase de embocaduras, sillas, espuelas, riendas y demás artilugios
entre los que se encuentran gogues, tijerillas fijas, riendas alemanas, dumb
jockey, etc.
Entonces, miramos atrás y nos preguntamos… ¿Cómo
es que los Indios americanos, sin haber tenido contacto previo con ningún
caballo antes del desembarco de los españoles, consiguieron no sólo
domar, sino también montar, criar y convivir con sus caballos en tan
sólo una generación? Los Indios sabían vivir en perfecto
equilibrio con la naturaleza, se alimentaban de la caza y, para ello, habían
aprendido a observar a la presa para poder hacerse con ella. Observaron al
caballo, sus costumbres, su modo de vida, el funcionamiento de la manada…
Estudiaron su comportamiento, su forma de comunicarse y la relación
jerárquica de su estructura social. Los Indios eran auténticos
etólogos sin saberlo.
Pero para que haya comunicación primero debemos hablar el mismo idioma.
Si un turista nos pregunta cómo llegar a una calle en inglés:
“Excuse me, could you tell me where can I find the Plaza Mayor, please?”,
y nosotros le decimos en castellano: “La primera a la derecha y luego
la segunda a la izquierda”, el turista no nos entiende. Entonces se
lo repetimos una y otra vez más y más fuerte y poco a poco empezamos
a ponernos nerviosos… ¿Por qué el turista no entiende?
Hablar más fuerte no es la solución, no está sordo, sencillamente
habla otro idioma. Con los caballos nos pasa lo mismo; un caballo que no da
los pies, que no cede a la pierna, que se para delante del salto, que no trabaja
en la mano, y muchas otras cosas más. Entonces vamos reforzando nuestras
ayudas – haciéndolas cada vez más fuertes – y nos
ponemos unas espuelas, le colocamos unas riendas alemanas al caballo, incluso
a veces nos ponemos más y más nerviosos... pero el resultado
es el mismo. El caballo no está sordo, escuchó perfectamente
nuestras ayudas, simplemente habla otro idioma.
La doma India se basa en una relación etológica con el animal.
Debemos estudiar y comprender el comportamiento natural del caballo para poder
comunicarnos de tú a tú, de caballo a caballo. La doma “tradicional”
es condicionamiento. Mediante el uso de los reflejos del animal y una restricción
más o menos marcada por parte del hombre, el resultado puede ser rápido
y espectacular. Sin embargo, el caballo se encuentra limitado y obligado a
obedecer porque no tiene otra opción, el resultado es que en cuanto
se relaje la presión decidirá marcharse. ¿Cuántas
veces se nos ha escapado el caballo cuando se deshizo el nudo al que estaba
atado o cuando dejamos la puerta del box abierta? ¿Cuántos de
nosotros puede estar 100% seguro de poder cepillar, preparar y ensillar a
su caballo sin que éste se mueva sin atarlo a ningún lado?
A través del aprendizaje de la etología equina, el hombre puede
no sólo hablar el mismo lenguaje que el caballo, sino también
aprender a entender los mensajes que éste le enviase, la comunicación
es cosa de dos. La doma India trabaja sobre esta base etológica para
ofrecer un método de doma coherente y en relación con el trabajo
previo. El caballo no responde automáticamente a unos estímulos
(reflejos inducidos), sino que se le anima a comprender lo que se le está
pidiendo. El educador (aquí, más que de doma hablamos de educación),
al trabajar sobre los instintos naturales del animal, le pone en situaciones
que le permiten “darse cuenta” de que para él es más
cómodo elegir hacer lo que se le sugiere. El caballo decide colaborar.
Cuando montamos a caballo, éste sólo puede percibir una parte
de nosotros: la punta de los pies, las rodillas, parte de las piernas y los
codos. Únicamente empleamos ayudas táctiles, cosa nada natural
para un animal poco dado por naturaleza al contacto estrecho (sólo
fraterniza con sus congéneres más próximos). Para colmo,
nos comunicamos a través de materiales extraños tales como riendas,
espuelas, fusta.... El entrenamiento basado en el acercamiento etológico
se caracteriza por una gran variedad de trabajo a pie y en libertad. Al encontrarnos
de pie, frente al caballo, éste puede vernos, olernos, sentirnos y
aproximarse a nosotros si lo desea. Los estímulos son mucho más
variados y se abre todo un abanico de posibilidades.
El factor tiempo es fundamental.
El tiempo. Una de las causas principales de nuestras preocupaciones. ¿En
cuánto tiempo se puede domar un potro? ¿Cuándo podré
hacer recorridos a 1,30 m? ¿Cuánto tiempo tarda un caballo en
aprender a hacer el paso español?
¡Alto! Aquí la noción del tiempo es muy diferente, no
se trata del tiempo de los relojes de nuestra era productiva y competitiva
donde hay que obtener resultados rápidamente. Aquí no hay timings
ni valores escritos, no existe ninguna media, los relojes se quedan en el
bolsillo. Se trata de Indian Time, el tiempo Indio, el tiempo de lo vivo,
el tiempo del caballo.
Un conocimiento profundo de la naturaleza del animal, aprender a distinguir
las características físicas, mentales y emocionales de cada
caballo, aprender a descifrar los problemas y a detectar sus causas y aprender
a adaptar la sesión de trabajo y a saber cuándo finalizarla
son las cualidades fundamentales de todo profesional, propietario o aficionado
que tenga la aspiración de encontrar la clave del éxito en el
trabajo con el caballo y la voluntad de establecer un profundo lazo relacional.
Cada caballo es un individuo, no hay dos caballos iguales, por ello, cada
sesión de trabajo es diferente y adaptada a sus necesidades. Sólo
a través de una educación clara y coherente para el animal se
puede trabajar sobre una base sólida de mutua comprensión y
confianza, garantía de auténticos resultados duraderos.
Trabajando sobre una base etológica (estudio del comportamiento del
animal), observando al caballo y observándonos a nosotros mismos podremos
encontrar muchas respuestas a nuestras propias preguntas. Descubriremos entonces
el profundo significado de la Doma India.
Por Chloé
B. Rola
Publicado en la revista El Mundo del Caballo (2004)