Si entendemos cómo percibe el caballo el mundo a su alrededor podremos
educarlo más eficazmente, asegura Marthe Kiley-Worthington, etóloga
británica y experta en comportamiento equino.
¿Qué evidencia tenemos de que el caballo pueda ser educado y
beneficiarse de tal aprendizaje, en vez de ser simplemente trabajado o entrenado?
Para empezar, los equinos, al igual que los humanos y otros mamíferos,
aprenden. Parte del aprendizaje es “latente” o “innato”,
es decir, que se produce de forma natural de la misma manera que cuando caminamos
por la calle y memorizamos los objetos que nos rodean (árboles, anuncios,
brechas en la calzada...). Pero la mayoría de las veces, sobre todo
cuando pedimos a nuestro équido que realice una tarea, el caballo ha
de tomar decisiones y escoger la mejor de las opciones – debe apelar
a una cierta actividad mental y la Doctora Kiley-Worthington asegura que este
aprendizaje se realiza, hasta un cierto punto, de manera consciente. Como
resultado de este aprendizaje, el caballo adquiere una serie de conocimientos
sobre el mundo y los humanos que le rodean, recordando y aplicando dichas
lecciones más tarde.
¿Cuántas veces oímos a los propietarios quejarse de que
su caballo “aprende tanto lo bueno como lo malo”? Estudios científicos
demuestran la alta capacidad de adaptación del equino. En todas las
situaciones, tanto en el establo como en el prado, el caballo observa a su
alrededor y aprende del humano y de otras especies. Una sola experiencia puede
ser suficiente para establecer un comportamiento condicionado, es decir, aprendido.
Un caballo que siente dolor al ser vacunado recordará esa sensación
y podrá mostrarse poco receptivo la próxima vez que vaya el
veterinario. El aprendizaje es, al fin y al cabo, supervivencia.
LAS CONEXIONES ENTRE LA MENTE Y EL CUERPO
El aprendizaje está relacionado con el sistema nervioso central. Esto
implica recibir mensajes, transferirlos y analizarlos en el gran generador
central: el cerebro. Aprender, adquirir y retener conocimientos requiere pues
una mente que sea capaz de recibir mensajes, analizarlos, recordarlos y predecirlos.
Por lo tanto, si los équidos pueden aprender, tienen una mente.
Hoy en día, la visión holística que asegura que todo
está interrelacionado en el mundo, otorgando importancia a cada elemento
del cuerpo y de la naturaleza, está ganando terreno. Los “científicos
holísticos” afirman que la mente y el cuerpo son partes vinculadas
entre sí.
Durante los años setenta y ochenta se creía que los mamíferos
reaccionaban de manera instintiva, es decir, de manera innata y congénita,
sin reflexionar. Pero, ¿qué es “instinto”? El instinto
es un comportamiento heredado, inflexible y genéticamente programado
que ha sido durante años la excusa perfecta para explicar reacciones
que no entendemos bien. Cuando decimos: “oh, es instintivo”, ya
no se discute más, no hace falta profundizar más en la respuesta.
Pero la realidad es que ¡no existe ni un solo comportamiento instintivo
al 100%! Existen tendencias instintivas, pero de qué manera, cómo
y cuando se manifestarán en el futuro dependerá del aprendizaje
de experiencias previas. El potro tiene tendencia a ponerse en pie poco tiempo
después de nacer. Se levanta de manera instintiva pero el cómo
se definirá tras varios intentos: primero probará con una pierna,
luego con otra, después combinará dos y moverá el peso
lateralmente, etc. Probando diferentes técnicas, fallando y cayéndose,
el potro aprenderá a ponerse en pie. Una vez conseguido mantendrá
el mismo patrón de comportamiento para levantarse. De hecho, si observamos
caballos durmiendo en el prado nos daremos cuenta de que no hay dos que se
levanten exactamente igual: los hay que empiezan por levantar una mano, luego
otra y luego los pies; los hay que apoyan la nariz contra el suelo para mantener
el equilibrio; otros mueven antes los pies debajo de la barriga, etc.
Sabiendo que los caballos son mamíferos capaces de aprender y de adaptarse,
la cuestión es, ¿hasta qué punto es la mente del caballo
similar o diferente de la nuestra?
¿SON LOS CABALLOS DE MARTE?
Los caballos no vienen de Marte, son mamíferos como nosotros. Pero,
al mismo tiempo, no debemos pensar que son “igual que nosotros”.
Sienten emociones como las nuestras durante la mayor parte del tiempo –
frustración, enfado, contento, estrés – pero puede que
tengan emociones que nosotros no conocemos. La estructura social del equino
es compleja y variada. Existen lazos muy fuertes entre diferentes miembros
como, por ejemplo, la madre y el potro. En ningún momento la madre
se separa de su joven potro, mantiene constantemente un ojo sobre él
y si considera que está muy lejos le llama enseguida. Muchos de nosotros
hemos presenciado la angustia de la madre – y del potro - si se les
intenta separar durante más de diez minutos. Nosotros, humanos, estamos
acostumbrados a llamar a la canguro cuando tenemos que ir a trabajar, de viaje
o simplemente a cenar fuera... Cuando el bebé de pocas semanas duerme
plácidamente y podemos dejarlo en la habitación, nos escapamos
al sofá del salón y sentimos un gran alivio al poder relajarnos
un poco y no tener que estar constantemente pendientes del bebé, ¡todos
hemos pasado por ello!
El hecho es que intentando entender el mundo del caballo y experimentando
cómo es ser un equino, muchas situaciones que no entendemos se vuelven
claras y sencillas. ¿Por qué cuando voy de paseo el caballo
se asusta siempre de las mismas cosas, incluso habiendo pasado veinte veces
por el mismo camino? ¿Se comporta el caballo de manera distinta con
diferentes personas? Existen tantas preguntas como comportamientos, pero entendiendo
cómo funciona la mente y el cuerpo del caballo podemos detectar y anticipar
los problemas mucho más rápido.
SEMEJANZAS ENTRE EQUINOS Y HUMANOS
1.- Ambos tienen mentes, cerebros y cuerpos interrelacionados.
2.- Ambos son especies emocionales, es decir, sienten y se “preocupan”
por cosas. Sienten dolor, placer y otras emociones.
3.- Ambos mamíferos aprenden y pueden realizar actos de forma voluntaria.
Tienen deseos, recuerdos, trabajan con objetivos concretos y pueden tomar
decisiones y elegir. Ambas especies tienen una forma de vida mental.
4.- Ambos tienen tendencias instintivas pero cuándo, qué y cómo
se manifiestan dependerá de las experiencias pasadas.
LO MISMO, PERO DIFERENTE
Uno de los aspectos más importantes de los primates humanos y de los
equinos es que ambas especies son altamente adaptables. Ambos pueden vivir
en una gran variedad de ecosistemas y adaptarse a los cambios de manera notable.
Tal vez uno de los ejemplos más drásticos sobre la capacidad
de adaptación de los humanos y de los equinos sea su capacidad de supervivencia,
e incluso de reproducción, aun viviendo en condiciones en las que las
necesidades físicas, emocionales e intelectuales están lejos
de ser satisfechas.
Aunque caballos y humanos presentan la misma estructura ósea y muscular,
también existen diferencias: los primates, especialmente los humanos,
son manipuladores del mundo e investigan con sus manos.
Por el contrario, los caballos reaccionan al mundo. Sus miembros son estructuras
especializadas para desplazarse a alta velocidad con músculos especialmente
diseñados para aportar una máxima movilidad a las extremidades.
Esta facilidad de movimiento se puede observar fácilmente en los músculos
que tienen alrededor de las orejas y que ofrecen una rotación de hasta
180 grados. El belfo superior, la nariz, es muy flexible y permite una función
similar a nuestras manos, pero el caballo no sólo manipula el mundo
con su belfo sino que también siente, huele y prueba el mundo.
Sabiendo que el caballo siente, manifiesta emociones y puede aprender, es
importante darse cuenta de que es posible educarlo de forma similar al humano,
es decir: enseñándole a desarrollar aptitudes físicas
y mentales que le beneficiarán tanto a él como al hombre. Pero
para ser buenos profesores debemos tener en cuenta las similitudes y las diferencias
entre nosotros y el equino.
La científica británica Marthe Kiley-Worthington explica cómo
estructura su método de trabajo: “He reunido nuevas ideas y otras
muy antiguas: mi objetivo es explicar por qué ciertas cosas funcionan
y por qué otras no. Pongo en relación los conocimientos que
los grandes Maestros de la cultura ecuestre nos han transmitido durante generaciones
y las últimas conclusiones científicas acerca de la mente animal.”
“La idea es estimular a la gente a pensar y observar cuando trabajan
con su caballo o cuando quieren enseñarle algo nuevo; hay que desarrollar
su espíritu crítico de manera objetiva y aprender del caballo
y de sus reacciones. Se trata de educar al caballo de forma individual más
que de utilizar patrones o métodos a ciegas sin saber por qué
funcionan o por qué no.”
HECHOS
Por Marthe
Kiley-Worthington, traducido y adaptado por Chloé
B. Rola
Publicado en la revista Ecuestre (2005)